Oscar Fingal O'Flahertie Wills Wilde

miércoles, 22 de septiembre de 2010

El funk de tu corazón. ("Take some, leave some" James Brown, The Payback)


*Para ti, Ana Laura . . .




Tu nombre de diez letras.







 En sólo diez letras cabe todo y nada, tu nombre retumba en mi cabeza a ritmo de un sensual funk, mi recuerdo más agridulce tiene notas de James Brown, exactamente la misma melodía de tu corazón.

¿Recuerdas nuestro primer encuentro parisino?¿Aeropuerto Charles de Gaulle, 15 de septiembre de 2009. Llegadas internacionales, terminal 2? Durante todo mi vuelo México-París no pude dormir, nos separaban doce interminables horas.

Mis piernas temblaban después de cruzar la hora entera que demoré en cruzar la aduana gala. Mi cuerpo y el tuyo, estaban ahora tan próximos, el atlántico había quedado atrás. Estaba a minutos de quedarme sin aliento por tu abrazo de bienvenida. Tú sabías tan bien lo que me provocaba verte y sólo me tranquilizó recordar esas tiernas palabras que dijiste cuando te confesé mi angustia: ta plus grande angoisse , est justifiée , je me pose la meme question, mais je n'angoisse pas, il arrivera ce qui doit…  Atravesar esa última puerta de cristal que nos separaba destrozaba mis nervios, yo tenía hora y media de retraso, así que salí presurosa y te busqué con la mirada. Me bastó menos de un minuto encontrarte: Ahí estabas. Podría reconocer tu figura entre millones. Tus dos metros de altura. Tu cuerpo atlético ganado a pulso por tu afición al Volley Ball profesional y la Capoeira. Tu piel mulata. Tu rizado cabello. Sonreí porque parecías tan nervioso y tú también me buscabas entre el gentío. Caminé todavía temblando rumbo a ti. Nací con la brújula descompuesta y ese día no fue la excepción, escogí la puerta más lejana, pero ese pésimo sentido de la orientación que me distingue, me permitió verte sin que tú lo notaras. Sólo tuve un metro de ventaja. En ese breve recorrido a tu espacio, recordé todo: La manera tan sutil en la que nos encontramos por vez primera. Tus desvelos para poder coincidir en nuestros complejos usos horarios. Mi fascinación por tu talento como compositor y pianista. Nuestro delicado y poético intercambio epistolar (porque por ti, volví a usar el correo, la carta escrita, el viejo buzón, las estampillas postales, la larga espera intercontinental). Tu obstinación en que yo te escribiera en español y tú en francés (para que ambos mejoráramos nuestro precario dominio del idioma ajeno) Tu preocupación por mi tristeza:  ” je m'inquietais de te savoir triste…je n'imagine pas pour quelle raison je ne me soucierais pas de toi…: parce que meme si c'est peu raisonnable, et improbable , je pense a toi , je t'imagine, et je m'attache un peu a cette image que j'aie et qui est forcément différente de la réalité .. mais j'attend de te rencontrer , il faut juste laisser libre l'espace pour toi”). Tu deseo de pasar una temporada conmigo en México. Nuestro plan de pasar juntos tu cumpleaños. Tu ofrecimiento a mostrarme el lado más noble y real de París. Uno de tus últimos mensajes: Je t'attends toujours avec la même impatiente febrilité  Todos esos recuerdos se agolparon en mi memoria mientras avanzaba lentamente. De pronto, volteaste hacia mí como si un pájaro hubiese volado y el abanico de sus alas te hubieran obligado a girar tu cabeza a la dirección contraria.

Eras todo sonrisa, la primera del día dedicada a tu Juliette. Avanzaste los pocos pasos que nos separaban y me abrazaste como nunca nadie lo había hecho, mis dedos, mis extremidades pudieron abarcarte, tocarte, después de tantas horas de espera; tu cuerpo estaba ahora a mi merced. El perfume que exhalabas inundó por completo mi olfato, mientras tú hundías tu rostro en mi cabellera, también conociendo y reconociendo a quien sabías tuya. Te separaste y me tomaste de las manos para verme con detenimiento, tus bellísimos ojos me recorrían con una sonrisa aún más grande. “Luces tan bella, tan linda” y lo decías con esa franqueza que sólo poseen las almas puras, con esa desbordante alegría que ofrecía tu mirada, tan complacida, tan brillante. 

Creo recordar que a partir de ese primer contacto, nunca más, en los siguientes días que estuvimos juntos dejaste de tomar mi mano o abrazarme. Compraste los boletos del RER, me tomaste de la mano y abordamos el tren. Tuviste curiosidad por mi ipod y te pusiste un audífono, mientras nos sentábamos e iniciábamos nuestro viaje. Volteaste a verme con sorpresa complaciente cuando reconociste que lo último que escuché era el maravilloso disco de James Brown “The Payback” y que escuchamos completo en nuestra primera travesía. Volvió el abrazo y el lento camino de tus labios a los míos. No me alcanzan los adjetivos para describir el primer beso. Un largo beso que duró media línea del RER y tres transbordos en las entrañas de París. 


Los seres humanos somos las únicas criaturas en la fauna viviente con la capacidad de mentir. Mentimos arteramente con la boca y a veces diestramente con la mirada. Sin embargo, no conozco aún alguno que sea capaz de mentir con el corazón. Y el tuyo, no mentía. Tu corazón empezó a latir con tanta fuerza a cada beso que cuando lo noté, me separé lentamente y te dije: “hey…tu corazón late de una manera…parece un funk, igual que el de James Brown” me miraste sorprendido con una mezcla de satisfacción y rubor. 

Reconociste que tu corazón latía al borde de la taquicardia y que te encantaba que sonara a funk. Te regalé el cumplido de tu vida. En ese largo camino al Quartier Latin, tropezaste tantas veces, en las escaleras, en las aceras, en lo pasillos, estabas tan feliz, tan nervioso. La gente nos miraba de forma extraña. Lo entendí después. No es común que el parisino exhiba muestras de amor en público, lo cual no deja de ser paradójico debido a su fama de románticos y amantes sensuales. Éramos una rara pareja en esa maravillosa babel. Un gigante de raza negra con una diminuta latina, una llama ardiente en medio del glaciar del ciudadano común.

Yo recuerdo cada paso, cada metro recorrido, cada lugar, nuestra primer y última comida juntos. ¿Lo recuerdas tú también? ¿El barrio latino, el Pantheon, los Jardines de Luxemburgo, Pére Lachaise? ¿Recuerdas que siempre que me distraía bobeando con cualquier cosa, y de repente volteaba y me encontraba con tu mirada plena de toda esa ternura y que al sentirte descubierto, te sonrojabas como un niño? Pero sobre todo… ¿recuerdas Gambetta? Ese encantador barrio cuna del Jazz parisino donde tocaste por última vez el piano para mí! ¿Recuerdas mis incontrolables lágrimas cuando tocaste “Sunrise” que fue la primera pieza de tu autoría que me mandaste por mail aquella madrugada, tantos meses atrás? ¿Recuerdas tu sorpresa cuando volteaste y viste mi rostro bañado en lágrimas y me pediste que no llorara porque no era esa tu intención? ¿Recuerdas que de inmediato empezaste a tocar el tema de Mary Poppins para alegrarme y sólo conseguiste que llorara con mayor intensidad…y que dejaste de tocar el piano para abrazarme y consolarme? Y  tus últimas palabras aquella tarde: “Tengo una sorpresa para ti, te va a encantar”

¿Recuerdas que acordamos que pasarías por mí para llevarme a Orly a tomar mi vuelo a Barcelona? te esperé 3 horas y nunca llegaste.  No sólo me quedé ese día con tu obsequio de cumpleaños. Esa tarde te escribí diciéndote que no importaba y que te decía adiós, sin más ni más. Pero te tengo noticias querido: mentí.

Sí pasó y mucho. Rompiste mi corazón en tantos trozos que me costó tanto trabajo reunirlos todos de vuelta y recordarlo todo y exorcizar mi dolor. Me abandonaste cuando más segura estaba (cuando había desechado ese miedo inicial, cuando pisé por primera vez París días atrás), me dejaste en un aeropuerto de un país extraño, sin un adiós, sin un abrazo y mucho menos sin una explicación, sólo me quedé con un boleto en mano y  una tristeza tan grande, que permaneció hasta el día de hoy.

Te odie, lo confieso. Y ahora que sé después de tanto tiempo por qué carajos no llegaste, ahora que conozco la razón de tu ausencia en ese aeropuerto, mi corazón se rompe otra vez. No sé por qué carajos te dedico esta carta y te pregunto tantas cosas si jamás podrás leerla, si jamás podrás responderla. Sin embargo, si estuvieras aquí cumplirías un año más, sería tu cumpleaños y tu corazón seguiría latiendo tan fuerte, tan melódicamente, tan encantadoramente funk.

Esta larga carta me sirve más a mí que a ti, ya que con ella limpio todo lo que queda de amargura en mi interior. Con esta carta hago las paces con mis recuerdos y contigo de manera cordial, sin llanto, ni rencor. No quiero olvidar, porque hurgando en nuestro pasado, redescubrí letras y momentos que no cambio por ninguna lágrima. Nada cura tanto como el incomparable ejercicio literario. Sana heridas y cierra caminos y círculos viciosos de rencor y desencanto.

Ahora que abrí mi memoria hurgando hasta el último rescoldo, me doy cuenta que tengo mucho que agradecerte. Agradezco esta dura lección que me hizo crecer con valentía y dignidad. Que el amor que me hiciste sentir me recuerda que soy un ser humano con capacidades asombrosas para prodigar amor y redención. Estoy lista para avanzar y enfrentar cualquier prueba del destino porque así lo he decidido, decidí dejar de conmiserarme, romperme la cabeza y cerrar de una buena vez el maldito círculo. Ya no me interesa saber cuál era esa sorpresa con la cual prometiste sorprenderme en ese último beso cargado de “je t'embrasse.. fort... et longtemps.. et partout ou je peux“ o qué diablos decía ese tardío mail (y que explicaba todo) que estúpidamente borré sin leer. Gracias, de todo corazón por guiarme de la mano a ese camino cuyo letrero indica que merezco ser tan feliz, porque soy una mejor persona también gracias a ti.

Feliz cumpleaños, te debo un abrazo, pero estoy segura que estaremos juntos en la otra vida y al fin, podré dártelo.

Hasta siempre Christophe.




6 comentarios:

Ana Laura Santos on 23 de septiembre de 2010, 7:56 dijo...

Me quedo sin palabras...

@doctor_hugo dijo...

Muy emotivo el lenguaje... se oye como que mas magico en frances...

Robinson Barrientos Arcos on 23 de septiembre de 2010, 8:45 dijo...

Excelente narración, muy intimista, sentimental pero al mismo tiempo universal...

Y al final, una experiencia que te hace más fuerte y te enseña que la vida es lo que vives en el momento..

Jem on 25 de septiembre de 2010, 3:07 dijo...

Qué belleza, sin embargo también es triste, pero ese matíz es justo lo que hace que tu historia sea hermosa. El amor que ambos sintieron es lo que más destacaría, puesto que es un amor que todos quisiéramos sentir por lo menos alguna vez en la vida, y ¡tú lo sentiste! cuántos podrían contar una historia así con tu amor tocando el piano para ti, teniendo las mejores charlas del mundo entero, extasiados por la música y la pasión, regresando a las costumbres muchas veces olvidadas del romanticismo, en fin, si esa fuera mi experiencia estaría más agradecida por lo que fue y tal y cómo lo fue. Te agradezco mucho por haber publicado algo tan hermoso y si me permites la conservaré.

América Pacheco on 25 de septiembre de 2010, 17:16 dijo...

Gracias a todos. Sus comentarios me fortifican y me llenan el corazón de una manera que no imaginan. Sí Chris era el tipo más dulce y bello que he conocido en toda mi vida, y el simple hecho de haberlo conocido, abrazado y sentirme tan querida por él lo vale todo. París es la ciudad perfecta para amar, pero también la peor para olvidar. Les dejo todo mi cariño.

Anónimo dijo...

En verdad creo que valio todo lo que hiciste por él, lo único que podemos hacer en esta vida es que por sobre todas las cosas y las personas busques tus sueños y tu felicidad.

 

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