Oscar Fingal O'Flahertie Wills Wilde

lunes, 5 de julio de 2010

Final de partida o Pare de reír.








“No hay nada más divertido que la infelicidad” -Nell-

Mi amigo Rafael Tonatiuh y yo asistimos el pasado fin de semana a la puesta en escena de la obra de teatro Endgame de Samuel Becket en  la Compañía Nacional de Teatro. Endgame o Final de partida, es una deslumbrante puesta en escena que resalta por su cuidada estética y argumento ambos apocalípticos, así como por la impecable ejecución actoral de la mano de Claudio Obregón (finísimo y poderoso actor) y Diego Jáuregui (actor dotado de una vena cómica impresionante). Exquisito guión, imágenes enfermizas, obsesivas y decadentes. Nula esperanza, pérdida absoluta de amor y compasión. Pinceladas de Opera Rock, humor y sarcasmo retorcido. Poesía negra.

El dramaturgo irlandés Samuel Beckett (Esperando a Godot) escribió esta pieza en 1957 convirtiéndola de inmediato en objeto de culto. De tal suerte que hoy día existen innumerables adaptaciones teatrales, cortometrajes, animaciones, parodias y hasta versiones fílmicas. Incluso, circula una verdadera joyita: la brillante adaptación televisiva interpretada por Michael Gambon y David Thewlis estrenada en el año 2000.
La historia es un drama de sólo un acto, cuatro personajes en escena. Dos protagonistas. Hamm (Obregón) y Clov (Jáuregui). Amo y sirviente. Crímen y castigo. Maldad y rencor. El perfecto círculo vicioso.  Almas y cuerpos retorcidos.

Hamm abusa del dominio que ejerce sobre Clov, mientras que este último, hace lo propio con los padres de Hamm y que sobreviven con ambas piernas amputadas en contenedores de basura: Nagg y Nell (Octavio Michel y Gabriela Nuñez.) Obra atemporal, sin referencias a tiempo o espacio, pero puede percibirse un inconfundible tufo post apocalíptico. No hay mundo, no existe luz o paisajes. El gris del exterior puede apreciarse en el reflejo infame de lo que se adivina, los últimos sobrevivientes de un mundo muerto.

El veterano director de esta puesta en escena, Abraham Oceransky nos comparte : “Después de tantos años de ser y vista por miles y de ser representada de mil maneras, persigo la sencillez de fotos superpuestas con memorias de desolación y con un poco de esperanza, deseando que después de la flor no haya más Apocalipsis, o que el nacimiento de un niño niegue todas las muertes, y que la destrucción que está afuera y la violencia que espera al abrir la puerta, sean sólo fantasmas de un juego que inventó Beckett para que no se atreva a abrir la puerta de mi cuarto y quiera salir…o tal vez sí.”

Leyendo lo anterior, no es difícil imaginar que esta pieza teatral consiga en el espectador un ánimo de brutal melancolía, pero el mayor logro de esta adaptación (impecable trabajo del mismo Claudio Obregón) es construir una lograda y muy sórdida ambivalencia desoladora fronteriza con el  humor más irresistible. 
Justo al término de la obra, nos topamos con Oceransky, Fernando Rivera Calderón y Belinda Rascón. Intercambiamos saludos, abrazos y felicitaciones entusiastas al talentoso director.

Decidimos escapar a comer a un restaurante sugerido por Rafael Tonatiuh (hay referencia de esta maravilla de lugar en su columna de Milenio, no se la pierdan) en compañía del hilarante Juan Alberto Vázquez. Juro ante todos los Dioses que existen, que algún día escribiré acerca de las  confesiones que surgieron en esa mesa. Sólo puedo adelantarles algo: ya existe delfín para suceder a Carlos Monsiváis. Su nombre se esconde en estas líneas. El tiempo nos dará la razón.

Amo los placeres sencillos. Teatro. Comida. Sobremesa. Deliciosa compañía.

Después de espantar a la fina clientela con nuestras groseras carcajadas, Juan nos pidió solemnemente “Ya, paren de reír”

No la jodas Juan…del humor somos, la risa es nuestra gratuita virtud. El mundo luce tan desolador. Sin piernas, sin futuro y sin destino, lo seguiremos intentando.

Existen días para olvidar y otros que sirven para volver a ellos una y otra vez en su habitación permanente de nuestra indeleble memoria. El sábado fue de estos últimos. Ya dije que amo los placeres sencillos, pero amo más, mucho más a mis amigos.


América Pacheco. @amerikapa

La compañía Nacional de Teatro se ubica en Francisco Sosa 159, Barrio de Santa Catarina, Coyoacán, México, D.F.
 http://www.conaculta.gob.mx/sala_prensa_detalle.php?id=5513

1 comentarios:

Oscarix on 23 de julio de 2010, 23:20 dijo...

América. Que fascinante tu narración. La sensibilidad y la aguda visión para hablarnos de Endgame, la risa y los amigos... Soy tu fan...!

 

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